Final inequívoco del tiempo fraccionado, del hombre y su costumbre
de la mar y de las horas, del amar y de las olas.
Remolino insondable que perpetúa la yerba que devora.
Rocío inobservable y eternamente bello,
y si no estamos: eternamente horrible y su contrario.
Naturaleza henchida: hechizo del ahora,
visión de no ser vista, de niebla en el oído,
pequeña necedad que se contempla como viva
sin ojo ni oído que la detenga y la contemple.
Somos la gota de rocío,
los ojos que asemejan un árbol a la vida.
Somos el remolino del ahora,
el mar y su costumbre,
el hombre fraccionado,
el tiempo que equivoca la piel con el amor...
La belleza.
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miércoles, 7 de diciembre de 2011
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