Psicología y Poesía

lunes, 15 de mayo de 2017

Algunas veces la vida


Algunas veces la vida nos sorprende gratamente
nos recoge en la caída,
nos besa y nos abraza, nos mima.
Nos mira a los ojos,
nos cautiva.

Algunas veces la vida nos lleva
entre sabores de agua marina
algodones y sonrisas.


viernes, 5 de mayo de 2017

Huyendo de mí


Eché a correr, huyendo de mí.
Venían detrás conmigo unas pocas personas amigas, ningún árbol y ninguna flor, mucho cielo y bastantes aves. Entre ellas cormoranes y gaviotas.
Arrojé mi angustia a la Mar.
Ella entonces ya sabía (porque siempre lo supo) que yo un día encontraría mi propio mensaje descorchado (sin saber que fue mío) y obtendría la esperanza de aprender
a Amar como si nada.

sábado, 29 de abril de 2017

Hoy soy semilla


Hoy soy semilla
espero apaciguada
que me arrastre el viento
o me lleve un ave
que llueva en mí un lamento
y el sol sea mi clave.

miércoles, 19 de abril de 2017

Para mí los versos


Los versos, para mí aleteos en letanía, desde su mentolada melancolía de nenúfares circulan casi en pausa pero pueden llegar a contrarrestar la rutina, a bloquear el tedio o bien a destejer de la quietud el movimiento.

viernes, 14 de abril de 2017

Me dolía la penumbra

Me dolía a mí la penumbra. ¿De que esencia la sustituyo ahora? Observador, espectador y dramaturgo.
Vislumbraba chapoteos espumosos de un niño que jugaba en una orilla que no era en verdad de una playa,  ya hoy marchitos.
Se terminó el verano en esta oquedad de soledades.
Mientras el gozo se agarra en el recuerdo con uñas y dentelladas de frenesí pasional a otros cuerpos, sucedáneos de querubines.

Y en la calle festiva personas como farolas se disputan pedacitos de ánimo caninamente. Mañana o pasado se erizará puntiaguada el alma.

Así la ciudad pretende desahogar sus penas con lágrimas de labios húmedos y clítoris. Y vaciar así también sus nervios, sus genitales, su retórica.


domingo, 11 de diciembre de 2016

Fui a enseñarte y me muestras tú, tú que te escondías de ti
negando tu prolífera deidad atemporal. Insoportable siempre aguja sobre aguja.
Caminó cansadamente con la mirada del tigre entre rostros pochos, saltarinamente y con su mente saltarina.
Un mínimo giro sobre la vuelta y ya veías el engaño que negabas antes que los cuervos, que los cuerpos.
Y rompiste el azar, casualmente como si nada
de la forma en que conocen los que saben porque ya han visto aquello que nadie tampoco podrá saber puesto que no es y aun así han visto.
Vine a mostrarte ciertamente. A cautivarme. Y me caminaste entonces.
Pude, podía, podré, casi puedo, en cualquier curvado tiempo, verte, verme claramente. Cegadores los anhelos.

Por quien florece

No está en mi mano impedir que talen el bosque, sin embargo sí puedo plantar semillas