¡A buenas horas mangas largas!
Llega el invierno
manchado de alquitrán en las rodillas
pidiéndole al verano perdón por su rutina.
¡A buenas horas mangas largas!
Llega el invierno
manchado de alquitrán en las rodillas
pidiéndole al verano perdón por su rutina.
La lluvia cree no saber cuando practica lecciones de cirugía sobre la oquedad de una roca, mientras el viento pensativo y con ceguera observa la escena desde su efigie de silueta desnuda.
Perpetuidad sencilla y absurda, complicada, completa, cotidiana.
Buscar razones no acarrea más errores que aciertos, sí evidencia nuestra naturaleza.
Mientras el agua pestañea en las aceras nos permitimos la licencia de mirar el cielo como quien deja caer sus ojos sobre un grafiti inesperado. La idéntica desfachatez de remover los grumitos en el desayuno mientras nos esperan con tibia hermosura: el pan, los besos y también la prisa revoltosa hacia nuestros quehaceres cotidianos. Observamos como un rumor de charquitos tintina feliz a nuestro paso.
En Ucrania caen misiles en las calles, y nosotros mientras tanto, mortales de a pie, vemos sin más cómo la lluvia, que pronto secará, titila brillosa en los adoquines sin poder reconocer qué tan distinta suerte corremos.
Ojoreoso de verano desconoce tras de sí unos pasos con prisa paulatina en deshojarlo.
Viene con codos en caderas
talones que golpean sobre el culo,
solapas de chaqueta,
cansados maletines de urbanita.
Nos muerde los retratos de agosto en tono crudo,
se levanta el peluquín por las aceras
y lleva en la nariz un nublo oscuro.
¡Ay, ay! ¡Navegas en rellanos de portales!
Donde exhalas con rencor incluso arena
pues traes por regalo las rejas de una escuela,
y acarreas la vuelta ya mascada al desempeño.
Con paciencia te daremos la razón
aunque no escuches...
A tu lado cantaremos la canción de quien se fue a pesar de que nunca vino
y a tu mesa nos sentaremos para echarnos sal
y muchas olas.
Lejos del Mar agonizan las olas
y no saluda el amor por ser espuma.
pues lejos del húmedo sol se duele el ermitaño
mientras los perros orinan sobre todas las farolas.
Caminas, caminas sin huir
y le robas a la prisa el tiempo.
Eres y llevas contigo
solo alas; quisiera hoy regalarte aliento.
Encontrarme tu sonrisa por el suelo me desgarra el pecho.
Soplar tus ojos tan hermanos yo quisiera, y devolverles un atisbo grande de su enorme vuelo.
Como el amor que pone a trabajar sobre la tierra a quien rescata en una noche sin luna ni brillo artificial sentí tu espada.
Como el verbo que permite que amanezca un sol e ilumina así una oración y la palabra, no puedo yo ya ser yo pues "yo" ya es nada.
No puedo yo ser tú pues tú la espada.
Podemos ser los dos,
podemos ser los dos la luz en calma.
Ya llega septiembre, sin prisa y sin verano, a llevarse los helados y las risas, a poner las manillas del reloj sobre las nuestras. Llega co...