Las teclas pestañean con ahínco
Y el verbo fluye atento a tu mirada,
Me penetra como un rayo
Que no piensa, mar* en orilla que descansa.
Aspiro a la excelencia de algún ángel,
Escribo sin mirar lo que se queda
Entre marañas, humo de renglones
No pretendo hilar ninguna seda.
Fluye como un beso nunca dado
Ardiente en el ocaso de la vida.
Albores sin embargo son albores
Cual semen que se arroja como tinta.
Reparo en un instante en el absurdo
Entre pixeles palabras que se ahogan.
Ojos ciegos de no ver las aniquilan,
Internautas que engullen mi amapola.
viernes, 15 de octubre de 2010
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