
Mar bravío, nocturno.
Temo la inexorable extinción del sueño en el sueño mismo,
la recurrencia infinita del ser que flota a la deriva.
El océano no respeta a sus ahogados.
Ya llega septiembre, sin prisa y sin verano, a llevarse los helados y las risas, a poner las manillas del reloj sobre las nuestras. Llega co...
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