Avenidas mustias, descoloridas.
La prisa en las palabras, los semáforos.
Las palomas frías, la lluvia, el urbano.
Las secuelas del invierno en los tejados.
El perfecto secretismo de la infancia en cada rostro.
La rancia descomposición de toda hora.
La aurora pensativa y quejumbrosa.
Las flores en capullo como ansiosas.
Abril ha cambiado.
Ha huido a alguna parte
y no sabemos.
Y no tenemos...
No tenemos más remedio que esperarlo.
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