En la innegable aflicción del ser
navega un tuerto
sin velas ni bandera.
Sobre el tiempo
el beso supera toda muesca.
El lamento da paso a un mundo de ceguera ausente,
pleno de presencia.
Ya llega septiembre, sin prisa y sin verano, a llevarse los helados y las risas, a poner las manillas del reloj sobre las nuestras. Llega co...