Psicología y Poesía

viernes, 4 de noviembre de 2011

Nunca hubo otra

Ella me quiso y yo la quise.
¿Acaso no basta con observar sus jardines,
con admirar sus miles
de coloridas ventanas?
Nunca existió una antes
ni un después sino sus calles.
Nunca hubo otra sino Granada.

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