Psicología y Poesía

miércoles, 13 de marzo de 2019

Décima IX

A la colcha se ha subido
el mar besando la arena
por lo que vale la pena
formar un modo invertido
que no es cambiar lo sentido
sino la disposición
y los holas por succión
con amor a contraforma.
¿Pues a quién le importan normas
en esto del corazón?

miércoles, 6 de marzo de 2019

Décima X

Vuela como la sonrisa
vuela de boca en boca
que besa pero no toca
igual que el dulzor de una brisa
nueva que cuando avisa
ya se ha instalado en el mar
que se abre de par en par
hasta acariciar la orilla
que brilla cuando ella brilla
es lo que llaman Amar.

Décima V

Aquel lícito lugar,
túnel de paso oscuro
con pasadizo muy duro.
Si vas si que se te invite
puedes lograr que se irrite
cual el lugar la persona.
Se desmonta la corona
para contarlo o se niega
que alguna guerrera llega
a acampar en dicha zona.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Décima II

Con el ímpetu exacto
desabotonado el puerto,
brillando el faro despierto
para el placer de tu tacto
que eleva de lo compacto
la vela de un barco escuálido
a-mares de viento cálido
que entre tus rojos sabores
vuelca el blanco en tus favores, 
y ancla en fondo igual de válido.

domingo, 24 de febrero de 2019

Décima I

Trémula ola orillada,
lengua de mar rota en cueva
que de su bajura eleva
costa yacida acostada
y de pronto como si nada
nada en la humedad más bella
la misma perla que sella;
jadea un viento y levanta
el ánimo hasta la garganta
alzándose en grito en ella.

sábado, 16 de febrero de 2019

A ese monstruo sin rostro

A ese monstruo sin rostro…
El mismo que abusa de su fuerza y su poder sin reparo, impunemente y en aras de la verdad.
El mismo que creó criterios diagnósticos para considerar la homosexualidad una enfermedad en el DSM hasta su revisión segunda en 1973.
El que maltrata al sexo opuesto por su falta de control ante el ocaso inevitable de sí mismo.
El que encasilla, el que prejuzga, el que no filtra información y la repite vomitando.
El que abusa del poder otorgado.
El mismo que maltrata la infancia impunemente…
El que no duda.
Aquel monstruo que considera los animales objetos propios y la naturaleza en general su lugar de vacaciones y también su basurero.
Solo hay uno y es el mismo. Tan difícil de combatir pues lo negamos y, por desgracia, en algún momento todos y todas miramos desde sus ojos sin verlo.
El que se lucra ante las desgracias de los demás y las potencia con igual objeto.
El mismo monstruo que piensa que el amor está en venta.
O que se puede atesorar la belleza.
No veremos su extinción, me temo, ni nosotros ni nuestros hijos ni quizá los hijos de nuestros hijos pero es la mayor de las obligaciones como ser humano que cada uno de nosotros aporte su granito de arena, día a día, segundo a segundo para que alguna vez, llegue a ser, sencillamente, un recuerdo remoto en la infancia de la humanidad.

Sin flechas azules

Hace tanto que no le pongo nombre a nada...
Me estoy asomando a tus ojos, tantas veces de color esperanza, a veces de un peculiar tono mezcla de sonrisa, dulzura y relajada desconfianza.
Tras asomarme a ellos siento un vértigo como de túnel y además también me veo a mí.
Hoy lloro mientras escribo esto y nadie me ve.
Tantas personas creen que no hay dolor bajo la amable luz que proyecto.
La mayoría jamás sabrá de la oscuridad sin fondo que atravesé por y para ser así.
Mientras tanto lloro también por saber que mis lágrimas salen para dejarte hueco a ti, pases o no pases te están dejando hueco a ti y esto me hace llorar desconsoladamente.
Algo pesaba mucho tiempo ha...
Mi llanto se sustenta en una congoja sin pena que no acarrea tristeza,
es más, creo que este río de lágrimas dulces tiene mucho que ver con haberme mirado en tus pupilas y con la impresión y la sorpresa de saberme cómplice y también resistirme a serlo...
A veces uno siente que está entrando en un sendero en el que nadie ha trazado flechas azules y sea lo que sea no puede más que recorrerlo con todo el paso y el peso del corazón que ello conlleva y requiere
y además sin documentos.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Agonía diluida y reformulada

Cuando los hogares atrapaban. . . Y costaba salir de la azotea
pues en la tenue ligereza de una bruma rebotaba con ímpetu de pluma y de poeta, tu inconstancia saltarina a la cabeza que con nocturnidad acechaba con su invierno de plata opaca y sin orejas.

Cuando tu sombra se solapaba con la mía y yo me rendía humilde y sin tregua a tu presencia resultaba que ni los rezos, ni ungüentos humanos o de botica conseguían redimir tu filo y tu aspereza.

En aquellos días, quizá otoñales, de anciano de edad mediana que ya dejó sus penas encerradas,
que dejó sus penas ya enceradas y sobre esta cera cambió por aniversario tu velorio.

En aquellos días de enano que no supo crecer porque no pudo o no hubo nacido en él quizá la necesidad o humana gana, sentía mi corazón rehacerse mío tan solo en el instante en que compartía tu dolor, al fin el mío,
como hoy lo hago: versando sobre ti en la palabra.

lunes, 21 de enero de 2019

No quiero que seas mis notas


No quiero que seas mis notas
ni un poema
ni un problema
ni una meta

No quiero que seas mis notas
desde luego que no,
que te muevas entre apuntes
como el Cosmos en un libro de Ciencias.

No quiero que seas mis notas distraídas
ni mi pensar más profundo
ni simple anhelo
ni mi inquieto corazón como amanece

Ni la ausencia que se abraza en plena noche,
no sé que esencia.
No sé, arrastro dudas
acerca de que quisiera yo que seas
o que ser yo...
Jamás apuntes.


Una vez ya sin alas

Pero que tú
no dejes de aparecer
así como apareces
casualmente
aunque ambos
sospechemos firmemente
que la casualidad no,
 no existe.

Que en toda proporción de uno mismo
no queda más que lo mejor del otro
reflejado al bien mirarse
así con luz inmensa y tenue sombra.

Me recreo bastante estático ante el gusto,
este mismo que me extraña hermosamente,
de anhelarte.

Deseo que no sea nada esta morriña de tu instante
<<Una vez ya sin alas que más da
si no es amor>>. Me dijo un ángel.

Banderas rojas en la playa

Ya llega septiembre, sin prisa y sin verano, a llevarse los helados y las risas, a poner las manillas del reloj sobre las nuestras. Llega co...