Huele la mañana a café recién molido,
a tazón de chocolate
y a galletas.
Eleva trazos de amor como persianas
pues viene con prisa lenta por almohada
y, sobre todo sabe a labios
a labios y a inmediatez sin la rutina.
Huele la mañana a café recién molido,
a tazón de chocolate
y a galletas.
Eleva trazos de amor como persianas
pues viene con prisa lenta por almohada
y, sobre todo sabe a labios
a labios y a inmediatez sin la rutina.
Abre sus fauces nocturnas el viento y me engulle distante y profundo por un minúsculo instante en un soplo de niebla.
De la espuma flotante que amo (y que soy) no obstante ya me dieron por muerto... Y ni una nube que asombre por negra ni la más grande sombra que asome sedienta puede quebrar el cielo azul que llevo conmigo (y a ti) etéreo y eterno.
Te llevo en mí
y tú no eres y yo sí.
Me sajas el pecho como un serrucho de amor y ausencia.
No existes y te tengo aquí precisamente donde no estás.
Te imagino en tu balcón que ya no es tuyo
y te añoro como se añoran...
Como se añoran aquellas esencias que nunca llegan a ser,
sin embargo tú sí fuiste
y fuiste y fuiste y fuiste,
¡ay! Padre.
Serás siempre tú
mientras te reviva el recordarte.
Se abre la tierra.
Tú.
Lluvia de mar en ojos,
lluvia de mar.
Sol en sueño.
Gotas de amor
en algún pequeño rincón del cielo.
Nadie lo ve.
Yo.
Besos de sol,
sueños sin voz,
extraño eterno
rincón sin verbo.
Canta la tierra
y nadie lo ve.
Yo y tú.
Franjas de luz
bajo sables de viento.
Tú y yo.
Viento sin viento.
Yo...
Tú...
Tuya tú,
tuyo yo,
yo en ti,
tú, yo y ya.
Vacunémonos también contra el consumo acelerado y vertiginoso.
Vacunémonos contra la necedad de entenderlo todo o casi todo como un producto y a las personas como un medio.
Vacunémonos también contra la prisa y contra el estrés.
Contra el absurdo de no saber ser uno mismo.
Y por supuesto, vacunémonos también contra la ignorancia y la práctica del maltrato y el sufrimiento innecesario, en toda forma y en todo lugar, y hacia todo ser.
Fui con galones al mar, pero desnudo,
me los puso una estrella
una noche de otoño de rescate militar
en que conocí a un ángel dentro de un hospital.
Crucé el purgatorio y pisé fuerte el infierno,
volví como un tal luzbel de nuevo a la tierra
pero no hubo forma de suplicarle a ningún dios ni piedad ni clemencia
y volví a mi sitio en los infiernos donde me esperaban amable-mente.
Así que tras años en el purgatorio
besando, amando, sufriendo
visitando de cuando en cuando batas con alas de ángeles rodeados de demonios y de sí mismos.
Visitas al averno…
y al haber no comprendido por tanto el fundamento de mi existencia
fui de vuelta a lo más profundo de los fuegos…
pero esta vez por escaso tiempo, si es que el tiempo allí existe…
De repente un día
como si nada,
tras mucha lucha,
se abrió la tierra y volví a nacer
desnudo pero vestido
y así todo acabó al fin
precisamente donde todo empieza.
El corazón del reloj te desnuda
como desnudan hasta del amor ciertas miradas,
y agarra tus muñecas delicadas;
tus besos son tu olor;
te trae y te desviste lentamente
de tu tierno, elegante y oscuro empaque de alas blancas.
En mi lucha, en mi poniente
sobre aborregada mar;
y en mi anhelo de un mañana
de aguas claras, blancas, vivas
con soltura de ultramar.
Busco un corazón, soy urbanita.
Me muevo y te mueves entre telas y entre rejas de anteojos, de cerraduras, de leds y de miseria.
La miseria de quien posee y lo atesora, y la miseria de quien pide vulnerable miseramente.
Firme llevo y llevas la ilusión en la colmena, y es nuestra propia esclavitud, la misma que del resto, nuestra condena.
Unos creen que son más por ser miseria.
Otros que son menos porque rezan por tener la gran miseria...
Zánganos con sueldo quieren ser también lo que otros sueñan y que les miren con envidia como mirarán hacia ellos los demás cuando lo sean...
El enjambre con su hambre tan resuelta y en tanta pena...
Busco un corazón, soy urbanita
y termino este escrito en una coma,
La llamada distancia social que incluye entre otras muchas disposiciones el uso de mascarilla, conlleva distancia de contacto real entre personas y esto va a acarrear gravísimas consecuencias tanto individuales como sociales.
Y no es una solución válida (ni un mientras) ni un mal menor. Es el error.
Se ha vuelto a trabajar desde los gobiernos del mundo en esa dirección. Nuestro sistema sanitario no está ni estuvo preparado. La pregunta es ¿lo estará?
Además la salud es hoy día un ente hospitalario. No me refiero teóricamente sino en la práctica. Todos conocemos el concepto de salud de la OMS pero no se tiende a él de manera efectiva. La pregunta para mí es, ¿debe seguir siendo la salud considerada básicamente tan sólo un concepto hospitalo-sanitario desde las estructuras de poder?
Yo creo, y espero fallar en mi pronóstico, que el tiempo por desgracia dirá que estamos equivocando las medidas actuales, aquello que llamamos el mal menor, un día no será tan menor...
Todo ser humano teme de una forma u otra a la muerte suya o de sus seres queridos. Eso es estar vivo. La opción no consiste en sacrificar la vida como tal.
No hay medias tintas para la salud.
Ya llega septiembre, sin prisa y sin verano, a llevarse los helados y las risas, a poner las manillas del reloj sobre las nuestras. Llega co...